
Lo vi en la calle, caminando torcido, encorvado hacia adelante, como haciendo una reverencia constante. De tanto en tanto levantaba la mirada para ver cuanto faltaba hasta la esquina o mirar quien venía de frente.
Lento, el viejo, tanto que daban ganas de ayudarlo.
Fue un sabio o un atleta, quizás médico o capataz.
Hijo, padre o hermano, las tres cosas con apuro o con humanidad.
Ahora se frena porque su cuerpo no puede más.
Cristiano, protestante o ateo. A lo mejor un nuevo converso.
Con la piel manchada y el pelo blanco
el viejo sigue avanzando.
Fue pintor, cantante o concertista,
quizás profesor, barrendero o dentista.
Fue escritor, abogado, político o puestero,
auditor, negociante, corredor o cartero.
Fue gobernador, de su tierra o su casa.
Entre todo lo que fue de seguro tuvo tiempo para la cama y el amor.
Y ahora avanza doblado como haciéndole reverencia al tiempo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario