Mayo 1 Hematites salió a caminar por Corrientes.
Pasó por el San Martín y la saludaron cuatro rastas y un mate.
Hematites cruzó Montevideo y pensó: quiero unos mates, entonces compró unas galletas y regreso frente a las rastas, ahora multiplicadas por dos.
-Hola dijo Hematites--y Claudio sonrió, contento, porque con Amilcar estaban solos en el San Martín (fuera del San Martín, arriba de los cartones).
Claudio tiene 24 años, le falta un diente pero le sobran historias de viaje. Amilcar lo interrumpe y cuenta de su paso por una isla en Chile: -muy locaaaaa, loco! ahí no faltaba comida ni música y era todo muy loco, re loco!.
Ambos saben de piedras y callos en las manos.
Huelen a tierra, a viejas humedades, a saumerio apagado.
Claudio dice que quiere recorrer el país. Amilcar en cambio quiere llegar a Nepal o poner una carpa en la en la 9 de julio, como en la película Cars, aclara.
Ahora prenden un porrito. Claudio relojea al poli de la esquina.
"Tienen que amoldarse a mi zapato", le dijo uno la otra noche.
Y como dice Yoni, si la libertad fuera el patio de mi casa, ese día fueron un bicho bolita en ese patio dando la vuelta carnero.
Pero a ambos les sobran paños para la artesania y decisión para partir, que el San Martín es un point de reunión sólo por unos días y varias noches.
A Claudio le encanta Buenos Aires, es de Entre Ríos y hace tiempo que no ve a su familia. Lleva un polar regalado, una mochila donada y un aislante cedido. "A mi no me regalan nada", se queja Amilcar.
Hoy ambos recibieron galletas que les regaló Hematites, pero ellos dieron más: dos sonrisas rastadas, historias entre porritos y la sabiduria de la espontaneidad.