
Mientras escribo el mar golpea el acero como a mí los recuerdos y no se si soy el barco o el puerto al que quiero llegar. Y dicen que esto se llama nostalgia.
Sobre todo porque es domingo y porque es el día del padre. Y yo tuve uno. Me heredó un carácter persistente hasta la terquedad, humor arrebatado y gestos demasiados recios para mujer.
De todas las enseñanzas que aprendí hay una que se arraigo con fuerza: siempre podemos ser aquello que elegimos.
Pienso que quizás sea la lección más difícil de esta vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario