No son solo un caso o un número que engrosa un porcentaje, son familias bolivianas empatronadas, un pedazo de patria mal tratada y otra dirección olvidada: porque a veces es mejor ignorar que asumir y cambiar. El resto es filosofía.
Para ellos frío y hambre, ropa vieja o remendada.
Para ellos campo y trabajo mal pago. Pan que no sacia.
Sus pies curtidos o descalzos siempre entran por la puerta de servicio y bajo esa palabra los siguen colonizando.
Los Datos: Jorge Camacho tiene 27 años y su esposa María Cristina Villaroel 18. En su casa de madera levantada en Cañón Oculto hay tres niñas: Jovana de 3 años, Carmen Rosa de 8 meses -hijas del matrimonio- y Rasana de 9 -hermana de María-.
Toda la familia está empatronada, es decir que viven en la hacienda del jefe de Jorge sujetos a sus decisiones.
A Jorge le gustaría tener su terreno, trabajarlo y así garantizarle un futuro a sus hijas, pero no tiene dinero para comprarse uno y aunque trabaja de lunes a sábado, con lo que gana no le alcanza para ahorrar.
Para las familias empatronadas o bajo servidumbre la recuperación de tierras es una solución a su realidad y un problema para los hacendados que no quieren cederla. Muchos de ellos -o sus padres- las obtuvieron a manera de intercambio por favores al gobierno de turno.
Hoy dos cosas están claras: la lucha ya empezó y el pueblo guaraní no está solo.
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