martes, 3 de abril de 2012

A Lucas

Lucas no hablaba. Por eso se había convertido en un espejo.
Si uno estaba contento veía en él la risa.
Si uno estaba triste se reflejaban en él las lágrimas.
Y lloraba. Porque Lucas no era un espejo común y corriente de esos que rebotan la imagen y ya.
Era un espejo con lente, profundo y brillante como a veces es el mar, oscuro a veces. Un espejo mágico que luchaba por contar, que ahí dentro, donde él vivía, lejos de las voces de los demás, estaban todas sus palabras guardaditas para quien mirándolo a los ojos las pudiera escuchar.

domingo, 15 de mayo de 2011

puede dolerme lo que haces
y también lo que no haces

lunes, 21 de febrero de 2011

-Mi mamá me enseñó a no comer huevo para no tirar la cáscara--dijo Anita-.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Tumbas abiertas en tu cuerpo
¿es que nunca has muerto?
una cruz, un sueño trunco
construyes tu propio cementerio

Mtx y Hematites
¿Se verá en mí todo aquello a lo que renuncio?

martes, 16 de noviembre de 2010

Somos Pueblo

Ana tiene cinco años y los ojos grandes como dos girasoles que lo miran todo.
Su hermano Pablo ya cumplió siete, ese día se le cayó un diente comiendo una manzana. La más pequeña de los mosqueteros, como les dice su mamá, todavía usa pañales y también rulos. Cuando se va a dormir, lleva colgando de la mano un oso viejo que heredó de sus hermanos y que se los regaló su papá. Él ya no está. Su mamá les dijo que se fue al cielo porque era muy bueno. Y ellos la entendieron muy bien, su papá no volvería más.
Viven en una casa pequeña que queda en un pueblo pequeño donde todos los habitantes se conocen desde siempre. A su mamá eso le gusta porque dice que es como tener una familia grande. A los mosqueteros también les gusta porque es como tener un patio grande.
Desde hace unos días que la mamá de los mosqueteros anda muy callada. Y cuando se pone así los pequeños piensan que está triste, como cuando mira la foto de su papá por mucho tiempo.
Pero la mamá está preocupada porque pronto será navidad y no tiene dinero para comprar un gran árbol. Dicen que esa tradición es parte del pueblo mucho antes que los abuelos de los mosqueteros se fuesen a vivir allí. Y que ese árbol lo traen de otro lugar también por tradición. Los pequeños no entienden muy bien que significa esa palabra -porque se usa para muchas cosas- pero les parece seria y larga, como a veces son los trenes y los caminos que van más allá del pueblo.
Lo importante de esa tradición es que inventa uno de los momentos más felices del año, porque todos los habitantes del pueblo cuelgan de los arbolitos en sus patios adornos hechos por ellos mismos. Y así todas las casas se alegran con árboles coloridos y luminosos.
Hacía ya varias tardes que los mosqueteros se las pasaban haciendo adornos con brillantina, cartulinas y plasticola. Y hacía varias tardes que le preguntaban a su madre cuándo iría a comprar el árbol hasta el pueblo vecino. Ese año querían colgar un adorno de la navidad pasada. Era un corazón recubierto en papel glasé rojo que hicieron con su papá y que tenía escrito en su interior el nombre de todos los integrantes de la familia, inclusive el del oso Tito. Estaba algo desmejorado pero para ellos era hermoso. Y único como su papá.
Sucedió que una tarde la mamá estuvo muy callada y así salió a hacer los mandados, entonces cuando pasó por la carnicería de Don Manuel y pidió el kilo de milanesas para la cena no pudo contener su silencio y se puso a llorar desconsoladamente. Ese hombre había sido el mejor amigo de su esposo y por eso cuando lo vio pensó que si el papá de los mosqueteros aún estuviera con ellos las cosas serían más fáciles, o su pena no pesaría tanto porque entre los dos podrían cargarla. Don Manuel le preguntó qué le pasaba. Cuando se calmó, la mamá de los mosqueteros le confesó al amigo de la familia lo difícil que le resultaba romper la ilusión de sus pequeños. También le contó de lo lindo que estaban quedando los adornos, eran los más hermosos del mundo. Y únicos como sus hijos.
Manuel le dio un abrazo grande y le dijo que pronto las cosas mejorarían.
Así pasaron los días y también las noches. Así el pueblo se volvió más pequeño para la mamá de los pequeños que ya no sabía donde esconder tanta pena.
Pero la mañana del 22 de diciembre, una gran sorpresa emocionó a la mamá de los mosqueteros, en su patio había un hermoso árbol navideño, el más grande, verde y lindo que jamás había visto. Con lágrimas en los ojos miró al cielo y agradeció el milagro. En eso estaba cuando salieron al patio sus pequeños:
-mamá no estés triste que papá nos está mirando.
Después fueron a ver el árbol y buscaron la rama más linda donde colgarían el corazón de la familia.
Tal como lo sintió la madre de los mosqueteros, ese pueblo también era parte del corazón de glasé y de su familia. Fueron ellos quienes compraron el árbol y así iluminaron su navidad con más colores que los adornos. Esa noche en todas las casas de ese pueblo hubo luz y alegría.
Por Hematites

la fe y los libros

Escribir un libro es un acto de fe.
Comprarlo también.

domingo, 21 de febrero de 2010

cuando estamos tristes
las sonrisas del mundo
suenan a carcajadas

sábado, 13 de febrero de 2010

Hay cosas por las que vale la pena vivir.
Son las mismas por las que vale la pena morir.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La abrazó
pero no sintió su piel.
Era solo un ángel
que estaba aprendiendo
su diferencia con los humanos.

Entonces no le gustó la eternidad

lunes, 18 de enero de 2010

la certeza del alma

todo y nada, una vuelta al mundo y somos otros, como si el mundo nos hubiese dado vuelta.
vulnerables, fáciles y atrevidos volamos como si tuviésemos alas. quizás las del alma.
ahora el tiempo se detiene -un poco- en mi cabeza. y los pensamientos también.
fue Márquez quien dijo que un hombre es del lugar donde muere. quizás nunca somos de un lugar porque al morir dejamos de ser y estar. Así tiene sentido la trampa de nuestra suerte errante que nos ofende al convercernos del pertenecer.
En ese instante Dios y el Diablo dejan de apostar tan solo por mirar lo que hacemos.
y nosotros pensamos -más de una vez- que la respuesta es el futuro, como si fuese un lugar.
pero hoy,
hoy creo en las almas
y en la certeza de sus alas
que nos salvan de pertenecer.

somos hijos del mundo
y ahora lo sabemos.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Tengo un dolor en la espalda, a la altura del corazón,
Tengo un corazón, delante de la espalda, que duele
Tengo un latido doloroso que retumba en mi espalda
Tengo un corazón
Y un eco
Y una espalda
Y un dolor,
Dos, tres,
Y un latido,
cuatro, cinco, seis

Entonces estoy viva.

(su regreso:
tres, dos, uno…
fin de la cuenta regresiva)

viernes, 27 de noviembre de 2009

por los colores y las semillas de risa del malabarista de palabras.
ya retornaremos a éste espacio
gracias

domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Qué parte de nosotros
se parece a lo que decimos?
Dolor, aprendizaje, dolor.
No me sale ser buena alumna
Cuando soy la que sufro.

qué cuento raro el del amor

¿Será que nos parecemos
A nuestras ausencias?
Alegres y dolidas,
Simples, aparecidas.
Me molesta que se paseen por la casa
Con la tranquilidad de la bienvenida,
Me molesta que luego de pasar
Ya no duelan.

Y otra vez, más ingenua que inocente,
Me pregunto, por qué me hicieron creer en la magia
Si no me dieron la varita.