jueves, 28 de mayo de 2009

hijos del cerro


“Víctor llegó una tarde con su espalda grande, voz gruesa y manos ásperas de minero prematuro. En aquel entonces él tenía catorce y yo diecinueve años”, cuenta Juan Carlos Baptista Valda (35), ex chico de la calle y actual administrador del proyecto para niños trabajadores de Potosí.

No faltaba nunca, llegaba puntual a la hora del almuerzo por su plato de comida. Hasta que un mediodía y otro y otro no vino. Entonces me llegaron las noticias de que estaba preso. Mierda!, por robar tres bolsas de mineral del cerro. Un tal Vallejos lo había mandado a guardar.

Fui a la cárcel una vez y otra vez y otra vez con su plato de comida que de su madre ni noticias. Me dolió verlo tan solo, sabía que tenía familia porque todo lo que ganaba se lo daba a ellos. Entonces lleno de bronca averigüé su dirección y fui derechito a la Roja, un barrio que quedaba al final de Potosí casi sobre el cerro. Golpeé la puerta y al instante un gritería de niños me anunció, “mamá es el Charly, el Charly!". Víctor tenía 6 hermanos.

Tardaron en abrirme y pensé que la mujer se estaba escondiendo. Cuando me dejaron pasar entre disparado a cantarle sus verdades a la desalmada. Todas se me atoraron en la garganta cuando la ví postrada en la cama. Solo me salieron lágrimas, entonces comprendí que Víctor había robado para calmar la necesidad de esa casa. No tenían padre.

Busqué al tal Vallejos y a los apurones lo llevé hasta esa casa, para que viera con sus propios ojos lo que también había visto. Como si fuera una maldición de aquella mujer inmovilizada el tal ingeniero también rompió en lágrimas. Pasaron pocas horas y el Víctor volvió a la montaña, a la tierra gris del cerro y a sus manos de pala.

Juan Carlos no supo más de el y todavía se pregunta que habrá sido de aquel niño hombre, muchas veces volvió a la roja pero ya no recuerda donde queda la casa. Ahora entre los 45 niños que llegan diariamente por comida, tiene a ocho que como Víctor trabajan de mineros. “A veces ni les pagan”. Piensa que con el proyecto puede darles una oportunidad para que estudien y progresen por eso no le importa que solo le paguen 800 bolivianos (menos de 150 dólares) por mes.

Un título emitido el año pasado por la universidad católica boliviana dice Charly es educador profesional, que bueno se dieron cuenta porque ya lleva 17 años trabajando con los niños de la calle. Sabe que con llenarles la panza no basta, como Víctor, el afecto familiar mueve montañas y también desmorona cerros.

1 comentario:

Maru dijo...

Si màs JUAN CARLOS ayudaran a màs Victor seguramente las manos de esos niños no se teñirìan de plata. Ojalà podamos vivir lo suficiente para cambiar esa realidad!