
La vieja acompaña al perro en el camino del minero. Avanzan y al final del sendero poncho y perro se quedan quietos. La vieja mira la montaña y en quechua susurra un rezo,
le habla a su trinidad: pachamama, cristo y Tío Jorge,
a ver si alguno le responde por qué su hijo no ha vuelto.
Lleva veinte años repitiendo ese sendero.
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