lunes, 20 de julio de 2009

Lucho

Hace 20 años conocí a Lucho, el hermano menor de mis amigas. La última vez que lo ví usaba barba y un enorme par de ojos café, pero conservaba su mayor virtud: ser un niño eterno. Por eso todos sus caprichos eran urgentes y también una necesidad básica insatisfecha.

Coleccionista de latas, frascos, cumbias, sándwiches de queso y recuerdos que podía encontrar en cualquier parte, era capaz de abrazarte de una vez y para siempre, porque él nunca se olvidada de nombres o momentos.

Era un trashumante, por eso -fiel a su alma libre- sus pies lo llevaban en un caminar solitario por las calles de Punta Alta

-Lucho qué haces por acá?
-nada, estoy paseando. Vas a ir para mi casa?
-pronto paso por unos mates.

Entonces seguía su rumbo con más seguridad que muchos de nosotros en busca del propio.

Hace unos días Lucho se fue a coleccionar historias a otra parte y en algún lugar del cielo comenzaron a faltar latas y frascos.

-Lucho qué hacés por acá
-Nada, vine a visitarte abuela.

Entonces doña Marcelina le preparó un rico sándwich de queso.

1 comentario:

Maru dijo...

Gracias amiga por recordar asì a Lucho que en un lugarsito tambien fue como tu hermano, el gordo te adoraba y seguramente se llevò el mejor de los recuerdos de quien siempre lo aceptò y quiso como fue. Te quiero mucho y gracias por estar!!! Maru