
Ella se asombró del agujero que muchas personas tenían abierto en la cara, justo en el lugar donde debería estar la boca. Notó que a veces lo abrían para emitir sonidos parecidos a palabras que otras personas con agujeros similares aplaudían hasta el cansancio.
Y esos agujeros le parecieron pozos ciegos cargados de besos y comida, de sabor a sangre cocida. De espejos negros y rotos que alguien más trituraba, para que dolieran menos.
Pensó en su agujero abierto entre las piernas justo en el lugar donde debería estar su sexo -húmedo de mujer nueva-. Ese agujero por el que algunas noches se escapaba un sonido parecido a una palabra, un quejido que casi siempre apretaba.
Para que doliera menos.
1 comentario:
esto es bueno, muy bueno.
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