jueves, 16 de abril de 2009


Caen personas sin cara como si fueran hojas de árbol pero no es otoño para andar podando.¿Quién levanto su mano de hacha para hacer tanto daño? Las hojas ya estaban secas eran hombres resignados. Hombres llenos de muerte, como antes de savia y caldo. Supo que partiría cuando escuchó crujir sus pasos. A ella no le gusta la muerte ni los árboles deshojados.

Se quitó con cuidado el brazo y lo acomodó exquisitamente sobre la pila, su madre consideraba la prolijidad una virtud pero para él apenas era un hábito. Buscó otro en el cajón, tenía que cosechar el campo. Fue cuando pensó que no lo encontraría que tanteó uno de músculos duros, lo imaginó fornido; tironeó y al verlo se dijo que era el adecuado. Se lo probó varias veces, sentía que no encajaba del todo. Lo miró y pensó que su nueva vida era como ese brazo, un apéndice añadido a su cuerpo que no terminaba de convencerlo. Recorrió los dedos como opciones de un destino, aunque él no consideraba tantos.
Volvió al cajón y completó el par a su cuerpo -sin duda le pertenecieron a su abuelo, ese era su cuarto-. En ese instante algo se movilizó en su interior, algo enorme que venía de todos lados. Vio imágenes del pasado, imágenes que lo horrorizaron, entonces en una reacción instintiva tiró a la par de ambos brazos hasta arrancarlos. Y se quedó desnudo contra la pared con su cuerpo sin brazos tiritando.
Otra vez buscó la pila y vio entre el montón los que recién se había extirpado. En uno de ellos había un símbolo diminuto y negro, un tatuaje que mató a miles en el pasado.
No los usaría para el campo, pero por las dudas los guardaría, no vaya a ser que llegara a necesitarlos.

Ella se asombró del agujero que muchas personas tenían abierto en la cara, justo en el lugar donde debería estar la boca. Notó que a veces lo abrían para emitir sonidos parecidos a palabras que otras personas con agujeros similares aplaudían hasta el cansancio.
Y esos agujeros le parecieron pozos ciegos cargados de besos y comida, de sabor a sangre cocida. De espejos negros y rotos que alguien más trituraba, para que dolieran menos.
Pensó en su agujero abierto entre las piernas justo en el lugar donde debería estar su sexo -húmedo de mujer nueva-. Ese agujero por el que algunas noches se escapaba un sonido parecido a una palabra, un quejido que casi siempre apretaba.
Para que doliera menos.

viernes, 3 de abril de 2009

Fortaleza y obsesión



Dicen que cuando Qin Shi Huang conquisto el primer estado no festejó, las personas ven lo que quieren ver y él solo vio las guerras que le faltaban librar. Tan fácil como un gusano de seda se devora la hoja Qin Shi Huang logró sus conquistas y se convirtió en el primer emperador de una china unificada. Le legó su nombre, una moneda universal, escritura común y también las consecuencias de su locura a uno de los imperios más próspero de aquellos siglos. Fue un tirano, esclarece la historia.
Sería un error creer que por aquellos tiempos los soldados ahorraban su sangre fuera del campo de batalla. Miles murieron de agotamiento al construir la primera gran muralla que Qin Shi Huang ordenó levantar como defensa contra bárbaros y mongoles. Muchos campesinos también perecieron. Y a pesar de tanto sufrimiento no hubo rebelión, porque como dijo Carl Jung el hombre se acostumbra a todo, siempre y cuando alcance el apropiado grado de sumisión. El rigor les dio ese grado, sometiéndolos durante doce años al látigo y a la pesada tarea de amontonar tierra sobre tierra hasta lograr un muro de nueve metros de alto por cuatro de ancho y de seis mil cuatrocientos kilómetros de longitud. Una larga tumba. Aunque esta muralla no es la más conocida, es la primera que se realizó e inspiró al resto.
Otra de sus grandes obras fue el ejército de terracota realizado por setecientos mil hombres durante treinta y ocho años. Alguien dijo una vez que no existen acciones desproporcionadas sino causas ocultas. Nada cuesta imaginar el miedo que tenía este tirano frente a la incertidumbre. Él creía que este ejército lo defendería de aquello que no podía controlar: los malos espíritus. Miles de soldados, cientos de caballos y diez mil armas de barro listas para un combate en el más allá.
A la muerte del emperador la obsesión por las murallas conquistó la política de la siguiente dinastía. En la misma época que vivió Jesucristo se edificó la segunda muralla.
Querida familia en este lejano campo de trabajo tengo que despejar tierra de la arena, este campamento es parecido a una tumba; los extraño, escribió uno de los obreros. Con diez mil setecientos kilómetros esta muralla se convirtió en la mayor construcción de la historia de la humanidad y en otra larga tumba.
Hoy hemos dado 150 latigazos, todos parecemos esclavos- escribió un soldado en su diario personal. La obra se finalizó pero como dice un viejo proverbio una muralla tiene la fortaleza de los hombres que la defienden y sin ellos solo era un obstáculo. Por eso se fijaron atalayas (puestos de vigilancia) para dar aviso de la llegada del enemigo. Como se erigían a varios kilómetros de distancia se diseñó un sistema de señales de humo que podía recorrer 1200 kilómetros en tan solo 24 horas y llevar el mensaje del ataque bárbaro. La luna brilla a través de un mar de nubes, cuando estamos de guardia todo lo que vemos es este desolador paisaje vacio de cualquier signo de vida. La memoria de nuestros hogares se convierte en un recuerdo tan doloroso y nuestro exilio parece que no va a tener fin. Estas palabras escritas a su familia se conservaron de paso del tiempo por el clima seco del desierto de Gobi, la mayoría de esos guardianes murieron en sus atalayas.
Esa misma muralla que desoló a sus guardianes fue la seguridad de los mercaderes. Miles de comerciantes se ampararon en su protección para atravesar la ruta de la seda. Ellos regresaban a salvo con oro, marfil y coral, marcando una época de prosperidad para el imperio.
Cuando asumió el poder la dinastía Tang, la decisión de fortaleces vínculos con los bárbaros a través de la diplomacia resquebrajó la muralla. Al parecer las políticas nunca logran el bien de todos, con la muralla sufrían el exilio sus defensores y con la diplomacia sus princesas, porque cada cierto período de tiempo se las casaba con un jefe nómada. El pacto garantizó varios siglos de paz.
A finales del siglo XI el nacimiento de un niño sin mano presagió sangre para Asia. En el 1204 ese hombre manco unificó los pueblos nómades y fue proclamado rey bárbaro, Gen Gis Kan lo llamaron. Junto a su ejército podía andar días sin desmontar y cuando escaseaba la comida bebían la sangre de sus caballos. Arrasaron pueblos completos, matando a todos para no demorarse con los prisioneros.
Le llegó el turno a China. Cierto es que la diplomacia, que evita tantas guerras, tiene su justa medida en la ambición de los líderes y la de Gen Gis Kan era ilimitada. Lo quería todo, por eso rompió el pacto invadiendo el imperio. Accedió por un lugar donde la muralla se había derrumbado.
La dinastía Tan pagó su error de descuidar la muralla con la sangre de su gente y la destitución del trono. Los mongoles y bárbaros reinaron hasta el 1300.
En la época de las devastadoras inundaciones del mar amarillo en China y la peste negra en Europa, los mongoles fueron derrocados y reemplazados por la dinastía Ming. Los emperadores decidieron construir otra gran muralla porque hay lecciones que se aprenden con un solo error y descuidar la otra fue una de ellas. La muralla Ming (foto) construida en piedra fue una obra de ingeniera inigualada en el mundo; se extiende desde el mar Amarillo hasta el desierto de Ghobi. Atraviesa el país como una larga y sinuosa columna vertebral con una longitud de 6400 kilómetros y con miles de atalayas que sobresalen como si fueran vértebras.
Gran parte del trabajo fue realizado por convictos quienes al morir debían ser reemplazados por otros miembros de su familia hasta que se cumpliese la sentencia impuesta. Cada quince metros los trabajadores colocaron desagües para eliminar el agua de lluvia. Estos desagües se construyeron en la parte interior de la muralla para que los enemigos no pudiesen arrojar cuerdas hacia el conducto y escalar la pared.
La quinta parte de la población china contribuyó en diferentes épocas a la construcción de la Gran Muralla y muchos de los cuerpos de los obreros amortiguaron el peso de las piedras. Esta muralla, que atraviesa montañas y ríos, sigue siendo una de las grandes maravillas del mundo y muchas de las piedras que se emplearon en su construcción miden más de dos metros y sobrepasan la tonelada de peso.
Jun Lia decidió ser agricultor como su abuelo, por eso compró unas pequeñas parcelas en la provincia de Zhejiang. Es verano y el suave sol de primavera lo animó a la tarea de levantar un cercado para delimitar su tierra. No pudo pagarse uno de alambre o de piedras. Por eso con ayuda de su vecino lo hizo a la manera antigua, con tablones y tierra. Llevaban horas de trabajo cuando su esposa, que está en el quinto mes de embarazo, se acercó con agua fresca y unos panecillos. En septiembre nacerá su único hijo–uno solo según lo establecen las leyes de su país-. Cuando el pequeño crezca le enseñará cómo construir el paredón, a él se lo enseñó su abuelo y así ascendiendo en el árbol genealógico hasta llegar a los tiempos del tirano Qin Shi Huang. Su apellido sobrevivió al de miles que murieron en la muralla. Jun Lia ignora que la historia mueve su mano.

sábado, 23 de agosto de 2008


Es necesario dejar de ver el borde las cosas
para comprender que son energía.

reflexiones de novela

-En cuanto sople viento todos los árboles se quedarán sin hoja- dijo el doctor Maurín-. En cierto modo, el otoño es una especie de primavera, no hay ninguno que termine sin que aparezcan nuevos brotes.
del libro de Patrick O´Brian.

China

"Una muralla tiene la fortaleza de los hombres que la defienden"

domingo de junio


Mientras escribo el mar golpea el acero como a mí los recuerdos y no se si soy el barco o el puerto al que quiero llegar. Y dicen que esto se llama nostalgia.
Sobre todo porque es domingo y porque es el día del padre. Y yo tuve uno. Me heredó un carácter persistente hasta la terquedad, humor arrebatado y gestos demasiados recios para mujer.
De todas las enseñanzas que aprendí hay una que se arraigo con fuerza: siempre podemos ser aquello que elegimos.
Pienso que quizás sea la lección más difícil de esta vida.

frontera


Aeropuerto de Kuala Lumpur. Las personas se acomodan en fila india y de una en una atraviesan el detector de metales, en un contendor plástico dejan celulares, relojes, cintos, notebook, y bolsos de mano. El hombre de seguridad los tantea y separa aleatoriamente inspeccionándolos detenidamente. En algunos casos tienen que quitarse el calzado.
¿Será que ahora las verdaderas fronteras están en los aeropuertos?.

Madres de Mumbay




Se suele pensar que los países prósperos tienen índice de pobreza bajo. El año pasado la India presentó la segunda tasa de crecimiento mundial después de China. Sin embargo es poco probable que su porcentaje de pobres mengüe simplemente porque el 80% de su población se rige bajo el sistema de castas. Como dice el pensador indio Paknar este sistema impone una desigualdad inmutable determinada por el nacimiento. Un alto porcentaje pertenece al grupo de los descastados, los a-varnas.
En una calle de Bombay un grupo de mujeres –madres a-varnas: intocables- acomodan a sus bebés sobre la vereda. Son unos diez. Cuidan que todos queden al amparo de un toldo. Es junio, época de Monzones y por eso llueve todo el tiempo. Esperan pasar la noche sin ser molestados.
¿Acaso esta acción habla del país más que sus estadísticas?.

martes, 8 de julio de 2008

Ganges


Somos el tiempo. Lo que de él hay en este río.
Lo sagrado y lo perdido.
Somos una fracción mínima del universo
Esa que no sabe que es parte del todo.
Un muerto y una canoa, dos flores y el incienso.
Somos esa hora de la noche que rodea las estrellas.
Adoración y lamento juntos,
como juntas están belleza y pobreza.
Mensajeros y guardianes que se esconden
trás una mirada recia,
El silencio y el lamento se nos trepan y
No hacemos nada, apenas mirarlo, apenas sentirlo
como si no sucediera.

Uttam

Uttam tiene doce años y los ojos más negros que se hayan visto.
Diariamente se para en una esquina de Bombay a vender libros.

Muchas cosas nunca le pertenecerán: una casa digna, vive en un sucucho hecho de madera y barro junto a su familia y una cabra. La comida asegurada, su familia engrosa los porcentajes de pobreza. Y una mano derecha, dos huesitos tímidos sobresalen de su muñón ya hecho cicatriz.

Uttam dice que los libros son sagrados porque de ellos se aprende.

Él también debiera ser sagrado.

decidirse

Elegir siempre es perder, pero cuando elegimos con el corazón aquello que dejamos tiene el mismo valor que lo elegido.

miércoles, 9 de abril de 2008

Katinaj


Voz originaria que significa encuentro. Ese otro que es un nosotros.
Un puente es un katinaj. Un campo. Una fogón con varios charlando. La cultura y el pan son Katinaj. Una madre. El sol.
La tierra donde se siembra. Las manos que cosechan y amasan. Un libro es Katinaj. El pasado si congrega y el futuro cuando se proyecta en plural.
Música, historia, una basija son Katinaj.

Cada uno de nosotros somos katinaj. ¿Cuándo vamos a comprenderlo?

miércoles, 2 de abril de 2008

continium

“dicen que en el principio de los tiempos los hombres luchaban por mantener viva la mágica llama de un fuego, a pesar del tiempo y las contingencias.

La llama no obstante se apagó por su propia naturaleza. Pero pronto hubo otra, y así, en la sucesión de fuegos, el hombre aprendió que el mejor esfuerzo no es por eternizar lo perecedero sino por aprender de ello para hacerlo mas intenso la próxima vez”.